14 de octubre de 2013

" "



[""]
Dicen que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. Yo se lo que tengo, y no lo he tenido que perder. Yo se lo que tengo, y sigue conmigo. ¿Por que sentarnos a pensar como va a ser el mundo dentro de unos años? Yo se como es el mundo ahora, con eso tengo suficiente. Veo un cielo azul y alguna nube cuando miro hacia arriba, a veces las estrellas me dan las buenas noches y la lluvia acompaña mis malas mañanas. Un mar que ya no da olas en el que puedo ver peces y mariposas, árboles que puedo imaginar verdes, rojos, desteñidos y gastados, y montañas desde las que puedo chillarle al mundo. Cuatro paredes sin ventana que dan más luz que el sol más grande, cajas con tacos apilados de felicidad pasada, historias en un cacho de papel. Paseos que me dejan soñar y no preguntan. ¿Por qué querer saber cómo va a ser el mundo mañana? No quiero saberlo, quiero vivirlo, y no mañana, hoy.

La persona que duerme en mi espejo a veces me pregunta qué hago yo aquí, por qué sigo respirando en un mundo en el que lo primero que aprendes es a que debes seguir levantándote. Por que sentarme a pensar como va a ser el mundo dentro de unos años, si puede que mañana ya no tenga mundo del que pensar. La vida nos enseña que las cosas pasan, que se acercan, saludan y se van. No conocemos los limites de nuestra alma hasta que nuestro estomago viaja en autobús con otra persona. Pero, ¿por qué no somos capaces de necesitar a esa parte de nosotros hasta que ya está lejos? Ver la vida como algo que se acaba es parte de lo que soy. No hay solución al sufrimiento, porque también se sufre por lo que da alegría. Se sufre lo que se anhela. Se sufre por querer ser feliz y por saber cómo serlo, verlo y no poder atraparlo cada día.

¿Y si soñamos? Podemos imaginar todo lo que queramos, el hoy como el todo. ¿Qué haríamos si supiéramos que se nos acaba el tiempo? ¿Qué estamos haciendo? ¿De verdad lo estamos dando todo hoy? Llegará un día en que no podremos dar marcha atrás, y nos arrepentiremos por cada momento no aprovechado. ¿Sabes cuales son las cinco cosas de las que las personas más se arrepienten al saber que ya no van a vivir el mundo mañana? No haber sido fieles a sí mismos sino a lo que los demás esperaban de ellos, no haber pasado más tiempo junto a las personas a las que querían, no haber sido capaces de manifestar sus sentimientos, haber perdido la relación con sus amigos y, el lamento más triste, no haber sido más felices. ¿Por qué dejamos que las cosas nos pasen? La vida es lo que hacemos a cada momento; cada segundo es un momento. Y yo quiero vivir cada segundo.

No quiero pensar que mañana ya no tendré mundo que respirar, y no haber sido capaz de deshacerme de todo lo que me tapa de la vida. ¿Qué haría yo a unos segundos de perderme para siempre? Quizá me cogería un coche enorme para sentir que por fin soy yo la que pisa a la vida. Me iría a ese sitio tan especial para mí entre arena, piedras y un pequeño faro donde huele a recuerdos. Abrazaría a todas las personas que me cruzara por la calle, y les diría que fueran felices, que no merece la pena sufrir, que las lágrimas enseñan. Correría a buscar a aquellos que se han llevado una parte de mí, para decirles que la cuiden bien. Me miraría en el espejo y me diría que nunca he estado tan guapa. Dibujaría un enorme corazón frente a la ventana de mi persona especial. Gritaría su nombre como nunca lo he hecho y, mirándole a los ojos, le diría todo lo que siempre he dejado para mañana. Le diría lo que he ido guardando para otro momento, para cuando estuviéramos solos. Le diría lo que llevo en el corazón y no he sido capaz de decirle cada segundo de mi vida, tonta pensando en que ya tendría tiempo de hacerlo. Le echaría una carrera para hacerle ver lo ágiles que son mis piernas. Me tumbaría a pensar en lo que he vivido, sin lamentar lo que he dejado pasar.

Aun me queda mucha vida, y no tiene sentido invertirla en guardar palabras para decirlas mañana. Porque si me duele tengo que llorar hoy; si me hace gracia, tengo que reír hasta más no poder; si no me gusta tengo que chillarlo; si lo pienso, tengo que colocarme frente al mundo y decirlo. Y si siento, tengo que llorar, reír, chillar, hablar y nunca dejar nada para mañana. Porque hoy es hoy y, quizá, mañana ya no sea nada.

No aprovechamos el momento. Y ¿sabes qué? Este pasa. Luego nos arrepentimos, pero dejamos que el siguiente también pase. No somos capaces de gritar un te quiero para que a 495 kilómetros la otra persona pueda oírlo, nos cerramos en el mundo que creamos en cada lugar, y olvidamos que tenemos otro esperándonos a 5 horas. Pero querer esperar no significa no necesitar que desde el otro lado chillen nuestro nombre y nos dibujen corazones con los que podamos soñar. ¿Sabes de lo que me he dado cuenta? De que algunas personas solo necesitan ver un 18:18 en el reloj de la cocina para sentir que el día va a ir mejor que nunca y, otras, unas pocas cartas y unos céntimos que poder convertir en grandes billetes. Ojala fuéramos capaces de dejar que algo tan simple nos sacara una sonrisa, capaces de ver en cualquier cosa algo por lo que sentirnos más felices.

Algunas personas solo necesitan ver que siguen en los sueños de otras para sentir que cada día es mejor que el anterior. Algunas personas solo necesitan que cada día consigan hacerlas sonreír para darse cuenta de que da igual lo que digan las estadísticas, a ellas el paso de los años no va a quitarles las mariposas que nacen en sus estómagos cuando piensan en cada uno de los gestos que hace al sonreír aquel que se ha llevado parte de su estomago en su viaje en autobús.


¿Por qué pensar en como va a ser el mundo mañana, si sabemos como hacer que hoy el mundo sea mejor? Cierra los ojos, ¿Qué quieres hacer hoy? Ábrelos y hazlo. 
[""]

No hay comentarios:

Publicar un comentario