5 de diciembre de 2013

Desmontando un desayuno

No puedo evitar reaccionar. Hace dos minutos he leído un par de párrafos sobre lo importante que es que el hombre cuide a la mujer a la que ama. Llevo dos minutos intentando encontrar por donde coger esos dos párrafos. Y eso que soy una mujer que quiere ser cuidada por su hombre -en la misma medida en la que yo debo cuidarlo a él-. Nada de citas ni nombres, un texto con dos párrafos sobre cuidarla a ella. Con la primera frase empieza bien, pero es la segunda la que me agarra de los ojos no dejándome seguir avanzando. Veamos. Mujeres que reivindicáis salvajemente la posición de la mujer -yo no soy una salvaje y aquí estoy, furia en mano-. En realidad, me gusta lo que leo, porque yo también lo quiero. Todos los días. Y todas lo queremos porque sentimos que es algo que no está todos los días. Pero somos dos, no es un hombre y su mujer, a la que debe hacer feliz. Son un hombre y una mujer que deben hacerse felices, el uno al otro y el otro al uno. Partiendo de aquí, sigo leyendo. Es muy bonito escribir cosas como "demuéstraselo cada día", "ella se lo merece", "te ha elegido", "hazle ver que no se ha equivocado". Vale, los párrafos van firmados con nombre de mujer. He llegado a leer un "nosotras", así que duda resuelta. Pero no somos princesas, creo que de esas cosas ya puede dejar de hablarse. No necesitamos que nos cuiden, ni que nos protejan, ni a nadie para sentirnos seguras -o para estar seguras de verdad-. Sigo leyendo. Si sabéis a que dos párrafos estoy refiriéndome, leed conmigo. Somos únicas y especiales, lo sabemos. Pero ellos son únicos y especiales. Quiero dos párrafos en los que sean ellos a los que haya que cuidar y mimar, y demostrar día a día que se les quiere y admira. Sí, soy mujer. Y creo en hombres que son queridos y admirados, y en mujeres que quieren y admiran y que deben demostrar, no esperar ser demostradas un amor incondicional. Introduzco lo anterior en un pequeño paréntesis y sigo con lo que iba diciendo. La chispa. Si él la besa, la saca a pasear y no la suelta nunca, resuelto: ella nunca va a dejar de amarlo, ni él dejará de sentir lo mismo. Ahora, a él nadie debe sacarlo a pasear ni necesita recibir un beso para que no deje de sentirse enamorado de esa preciosidad, él es el hombre. Ya ha quedado claro que ellos no son de ser sacados a pasear, ellos son los que sacan. Vale. Más cosas. Cambio de párrafo, que la princesa ha cambiado también.

No se si tomarme en serio o no con lo que nos deleita. Lo agarro por detrás a ver si así lo veo mejor. (Ruido de mi boca que quiere ser un ufff pero se queda en un hummm y suena a hhhh) Se me escurre esta parte. Quien esté leyendo conmigo que haya sido capaz de no perder -la paciencia- el hilo y la lógica -y realidad- de lo que un hombre vale y es, que me ayude (si puede) descifrando estas quince palabras. Me suena todo tan a anuncio de escobas y cazuelas que me hace hasta gracia. Ahora me dedico un segundo para medio reír sin llegar a reír. Vuelvo con el tema de la ayuda si alguien tiene respuestas para mí. Lo siento hombres, tenéis un curro con todo esto que... ya podéis ser pacientes. Vais a tener que dedicaros a cuidar de vuestra mujer lo que yo os diga. La pobre ya ha sufrido con otros capullos, así que a ti te toca ser el buenazo de turno que nunca le diga que no y que -ni se te ocurra- hacer que tenga una rabieta. Nada de discutir, tú a callar, que ella tiene que ser feliz, ahora es su turno. Cuando ella sea feliz, ya podrás, si eso, serlo tú. Si lo haces bien igual y no tienes que esperar tanto. Pero oye, que entramos en las últimas líneas y me calmo un poco, que la cosa va un poco más acorde a lo que espero leer yo en dos párrafos sobre cuidar algo. Pero claro, no iba a ser menos la última frase. Y no lo es. Las mujeres somos muy simples y sencillas. Yo soy mujer, así que hombre, cuídame bien, que es lo único por lo que te quiero a mi lado. 

Pero ahora es el momento de sacar la cara por mi querida amiga y firma de estos dos estupendos párrafos. Claro que pide lo mismo a los dos, no solo de él a ella, sino también de ella a él. Pero sigo viendo este texto como un anuncio de escobas y cazuelas. Interpreto lo que pone, se la intención y me gusta, yo quiero eso de un hombre. Todas queremos eso de un hombre. Pero hasta que no llegas al final, hasta que no lees las dos últimas palabras, o hasta que no leo yo el final, lo siento muy egoísta. De escobas y cazuelas, vamos. 

(Made not to annoy)

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