14 de septiembre de 2013

La vida no es tan mala


No dejamos de ser golpeados por palabras que, aunque se suponen necesarias para cambiar de camino nuestro comportamiento, no saben más que joder nuestro momento de disfrutar de la vida. Cuando somos pequeños creemos que los adultos tienen la razón, que cuando dicen que algo está mal, es que está mal. Nos visten con lazos y pantalones con una ridícula raya planchada en el medio, nos pasean de la mano y, si creen que nuestro comportamiento es el adecuado, igual y nos premian con caramelos. Lo que tiende a hacerse con los perros. Así comienza nuestra educación. Cuando empezamos a sentirnos más nosotros hacemos que nuestros amigos vean cómo somos durante media hora, en los descansos del colegio, donde unos son los que pegan y otros son los pegados. Empezamos a querer crecer más rápido para poder salir hasta las ocho de la tarde, y nos sentimos los mejores al lograrlo. Pero seguimos paseando de la mano con aquellos con los que ya no nos gusta que nos vean. Creamos grupos de amigos y nos hacemos con una parte de la calle como si esta fuera solo nuestra, plantando nuestros culos en ella hasta que llegan las diez, hemos conseguido ya dos horas más de libertad condicional. Ya no nos gusta la ropa que le gusta a nuestra madre, y decidimos que chillar va a ser nuestra nueva manera de decir quienes somos. 

Entonces despertamos un día bajo luces azules, rojas y blancas mientras nuestra mejor amiga, a la que hace un par de años no soportábamos, está sujetándonos la cabeza y metiéndonos los dedos para vomitar. Un vestido negro que enseña más de lo que tapa ahora ya no tapa nada. Nos damos cuenta de que no sabemos que coño hacemos en el suelo de un baño, y tras media hora de intentos conseguimos decirle a la que no deja de pegarnos en la cara que nos saque fuera a tomar el aire. 

Entonces despertamos un día con un frío de la leche con una mano tapándonos una teta. Lo malo no es la mano, lo malo es el tío que ha puesto su mano en tu teta. No quieres saber donde está la otra. Mientras buscas tus bragas entre la camisa a cuadros, los pantalones con la raya planchada al medio, los calcetines blancos de rayas rojas y los calzoncillos de osos que marcan el camino que habéis recorrido hace unas horas, te preguntas qué es lo que ha podido pasarte para acabar en esa cama, cuando tu intención era la de acabar con una teta agarrada por la mano de un tío de metro ochenta y músculos como piedras.

Entonces despiertas un día en tu cama, con una resaca del quince y sin acordarte de nada, aunque sabiendo que la noche pasada ha sido como otra cualquiera.

Qué más da que nos hayan puesto lazos, qué más da que nos hayan llevado al parque de la mano y que nos hayan dicho que solo las personas casadas se dan besos, qué más da que hayamos pegado a todos los pringados de nuestra clase o que hayamos cambiado de gafas tantas veces como ostias hemos recibido. Qué importa todo lo que hemos vivido antes de vivir de verdad, porque todos vamos a caer en lo mismo. Da igual todo lo que hayamos hecho hasta entonces, a partir de un momento empezaremos a querer probarnos. 

Por qué no hay adulto que no critique nuestro comportamiento y que nos trate como si no nos diéramos cuenta de lo que estamos haciendo, cuando en realidad somos conscientes más que nunca de lo que todo significa. Hay tantas cosas malas en la vida... La cerveza mejora la función cardiovascular. Un ataque de ira en alguna ocasión es bueno para la salud, permite no sufrir de alteraciones de la presión arterial, trastornos del sueño ni daño pulmonar. El café y sus antioxidantes ayudan a reducir el riesgo de diabetes. Una pequeña dosis de LSD puede ayudar a eludir algunas etapas de alcoholismo y evitar recaídas. La luz solar es buena en momentos en los que estamos desanimados y en los lugares en los que se hace larga la jornada laboral, ya que evita la somnolencia y el bajo rendimiento. Los gusanos se comen las bacterias de nuestras heridas y el tejido muerto, ayudando a  que estas cicatricen y previniendo infecciones. La marihuana, aquella que nunca jamás debe tomarse, está recomendada en épocas de quimioterapia y para el tratamiento de algunos tipos de canceres, y puede llegar incluso a evitar que se pierda por completo la memoria como ocurre con el Alzheimer. El vino tinto y el chocolate son grandes preventivos contra el cáncer, y este último puede hasta dejar fuera la demencia. Por último, pero no por ello menos importante, el sexo reduce la tensión, el colesterol y mejora la circulación en todo el cuerpo. 

Dejemos ya de pensar en que todo lo malo es malo, nuestros días están contados, así que bebamos, comamos, fumemos y follemos. Qué más da, vamos a morir de todos modos.

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