Como un piano en el que clavar las largas y afiladas extremidades, su alma llora sin consuelo, sabe lo que ha callado y a lo que la ha llevado. Conducida por lóbregas sombras llora su ventura de fría y seca dicha. Lamentos que susurran verdades nunca dichas, ósculo calculado; la tierra busca lo que siempre ha sido suyo. Piedra a golpes desvirgada incapaz de dar más que oscuro, zarpas que salpican encarnada sangre y agarran hasta herir.
Corre sin más apoyo que su propio aliento; solloza por saberse de lo único capaz. Desquebrajada el alma y las ropas, fuma de pipa que le hace flotar. Agarra una irreconocible familiar mano que cree puede socorrer su ya perdida esencia; pobre y desdichada vacía la que cree poder salvar su ya perdida.
Profundo vacío el que recorre la vida hasta verse por completo vacía. Insignificante y miserable lombriz que sacia su sed de carne, sorbe hasta no poder más, pide paciencia a los cielos, glorifica su suerte. Ya todo es muerte.
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