16 de mayo de 2012

Un día sigue a otro, y a otro...

Tras una ventana empañada por vaho y lluvia observa cómo juegan los niños, como viven y no se preocupan. Tienen ya la ropa sucia, sonríen y corren unos detrás de otros. Tras una ventana empañada por vaho y lluvia observa cómo la mira, le brillan los ojos, es la primera vez que lo hacen, nunca se habían preocupado de observar nada que moviera tanto. Tras una ventana empañada por vaho y lluvia observa esa caricia que continuará puertas adentro, o quién sabe. Tras una ventana empañada por vaho y lluvia observa las rosas que suponen su amor, todavía latente y apasionado. Tras una ventana empañada por vaho y lluvia observa el desplegar de un mapa que indica el comienzo de algo nuevo, una aventura quizá. Tras una ventana empañada por vaho y lluvia ríe por el descuido de uno y la rapidez del otro, la llave que abre las puertas a un futuro juntos ha caído, pero solo por unos segundos, pues ya vuelve a estar en manos seguras. Tras una ventana empañada por vaho y lluvia siente los mismos nervios, el velo cae, blanca y fina seda. Tras una ventana empañada por vaho y lluvia cree llegar a dormir tras la melodía de una nana perfecta. Tras una ventana empañada por vaho y lluvia se preocupa por sus preocupaciones, ríe por lo que acontece y se llena de rabia y desesperación. Tras una ventana empañada por vaho y lluvia ve pasar ese tiempo ya pasado. Tras una ventana empañada por vaho y lluvia nota el tacto de esa mano acariciando los finos dedos de su acompañante. Tras una ventana empañada por vaho y lluvia recuerda cómo recordaba el tiempo. 

La vida.

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