16 de abril de 2012

Junto a un intermitente prado verde

Cae una gota del cielo morado en pleno abril que, rezagada desde enero, busca un cuello en el que posarse el resto de las horas. Cae y logra no golpear el suelo, llega y es depositada con sumo cuidado sobre aquello que, con tantas lágrimas, ha deseado. Sonríe, pues ya no está sola. Basa su existencia en caricias más que momentáneas; la existencia de algo más es lo que le da vida. 

Busco un cielo cubierto, gris y triste; busco una tarde en la que retumben truenos y relámpagos alumbren calles; busco el silencio que acompaña al fin de todo. Gotas moradas, azules y violetas; ríos de lágrimas viajen sobre mis rosadas mejillas teñidas por el dolor de una larga despedida. No quiero un beso, no espero un beso; quiero el beso, espero el beso. Tu beso. 

El cielo grita desesperado, grita y grita. Ruido, sangre y lágrimas. 

Un rojo amanecer saluda al desastre de la noche, ya no queda nada en pie. Oyes crujir cada pisada, un latido es interminable eco y gemidos de desesperación los ángeles de una cabeza perdida. Puedes correr y buscar, cada pequeña cuerda yace entre escombros; puedes saltar e intentar estirar las oxidadas alas que antes te hacían volar. Restos de plumas consumidas se adhieren a tu pegajosa piel, solo es sudor, algo frío que no deja de recorrer tu desnudo y argénteo cuerpo, antes en llamas.

Insondable cual océano infinito. Ronquez por voz y piedras convertidas en lágrimas; tan distante y remoto que no puede oír el chirrido de mi alma desplomándose. Atada a un deseo venidero, doloroso el cambio de estación, doloroso el lento paso del momento. Abatida en una dura batalla, consumida...

Abrir los ojos y no encontrar aquello por lo que luchas cada día...

1 comentario:

  1. PRECIOSO :) me encanta lo de: "tan distante y remoto que no puede oír el chirrido de mi alma desplomándose"

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