Lo reconozco, sí que se me pasó por la cabeza esa idea, aunque no me pareció la más indicada, dado el grado de autodecepción que me hubiera llevado de no ser cierta. Aun así, no me equivoqué. Hablas, te cuentas el día, las penas, alegrías... Dices cosas que hacen gracia y rezas para no meter la pata. De repente llega un adiós irremediable, pero tu conciencia te dice que el día no ha acabado aun, y que las sorpresas están por llegar. "No te olvides de la hora". No me olvido, no te preocupes. Mi conciencia sigue trabajando, podría decirse que no ha parado en ningún momento. Estas tan cerca... Sonrío sin poder controlarme, estas muy cerca. Minutos.
Es entonces cuando bajas corriendo sin poder creerte lo que acabas de oír.
Lo has oído. Sí, era su voz. Sabes que nunca confundirías una voz así, es imposible. Un paso, luego otro. Ya veras como tropieces... No se puede pedir más, no se puede pedir más. Si hubiera asomado la cabeza por la ventana no me hubiera creído nada de lo que mis ojos estarían viendo. Es entonces cuando te das cuenta de que son esas pequeñas cosas la que te lo demuestran todo. Descubres que no necesitas nada más para ser feliz, ya lo tienes todo. De repente te ha llegado todo, todo aquello por lo que has dado las noches y los días, todo aquello por lo que has soñado incluso estando despierta. Esa sonrisa. Es tan sencillo ser feliz...
No caminas sola.
No hay comentarios:
Publicar un comentario