Increíble cómo una sola frase puede hacerme querer escribir sobre algo. La verdad es que a la frase se le une el cuestionario que traía hoy la revista Mujer Hoy. "¿Te ves guapa?", con ese título buscaba atraer nuestra atención, y lo ha hecho, la mía por lo menos. Doce preguntas con las que podríamos saber si verdaderamente nos consideramos guapas o no. Así de simple. Me he hecho con un bolígrafo que, casualmente, publicitaba un centro de belleza (¡vaya!) y me he puesto a ello, he contestado a las doce preguntas, una detrás de otra, sin perder el ritmo. Dejémoslo en que no he descubierto nada que hasta ahora no sabía. Cuatro posibles resultados, y no se cual prefiero, la verdad.
Me considero una persona con la autoestima en su sitio, a gusto consigo misma y que, en principio, no busca cambiar en ningún sentido. Tengo la suerte de poder disfrutar de todo lo que puedo querer y más, y no económicamente hablando; tengo la suerte de sentirme feliz con cada pequeña cosa. Esto es lo que hace que no entienda cómo hay personas que no saben, o no quieren saber, sacarle el lado positivo a las cosas, verles el lado bueno. No hay nada que no nos de algo bueno, lo malo nos da algo bueno, pero hay que querer verlo. Vivimos en una sociedad que nos ha educado mal en eso de ver lo bueno hasta en lo malo; vamos, que no ha hecho mucho para que nosotros seamos capaces de decir "eh, por lo menos ha servido para algo". Nos quejamos de todo, de todo todo. Somos un poco pesados con eso, ¿no? Vamos, a mi me parece un poco cansino tener que estar continuamente escuchando cómo nos duelen las cosas, lo poco que sirve intentarlo y cómo casi nunca llegamos a los resultados que buscamos. Bueno, por lo menos lo estamos intentando, ¿no? Pues no, seguimos quejándonos.
Para qué he mencionado el cuestionario de la revista si estoy hablando sobre lo quejicas y pesimistas que somos, pues porque eso también se refleja en el modo en el que nos vemos a nosotros mismos. No hay nada peor que pensar que no servimos para nada, que las cosas nunca nos salen bien y que ni siquiera cumplimos los estereotipos básicos de personas aceptablemente bellas. Ahora sí tiene sentido esa mención, ¿verdad? La sociedad se encarga de que en cada esquina haya algo que haga que nos replanteemos nuestra concepción de belleza. Luego nos sorprendemos de que las personas cada vez se quieran menos y quieran más el cuerpo de esa mujer de cartón que decora la entrada de esa tienda de ropa (de tallas minúsculas) que tan famosa se ha hecho por todo el mundo, en aquella que compran esas chicas tan elegantes y a las que les sienta tan bien todo; o el cuerpo (muscu-muscu-musculoso) de aquel hombre que con solo pasar hace que la mirada de las mujeres se centren en él.
Todo lo de fuera siempre es mejor; los demás disfrutan de mejores cosas; lo mío no es cómo lo tuyo; yo quiero lo tuyo... Así vamos mal, pero es como vamos. La televisión nos educa con modelos de personas que lo tienen todo, a pesar de que en el fondo puedan sentirse tan mal consigo mismas como muchos de los "normales". Bien, podemos decir que nadie nos quiere, que las cosas nos van mal, que no gustamos a las personas, que nunca van a querernos... ¿Cómo podemos esperar que las demás personas nos vean si nosotros no somos capaces de vernos?
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